Amores y un siglo

Y el amor, un enorme amor, un amor lleno de gente, así bien pinche grande, amor que obstruye las tuberías. Ese amor de gente loca y esquizofrénica, a quién le gusta golpearse la cabeza contra la pared y lanzar dardos en el estiércol. El amor de piernas largas, llevándose botas de plástico amarillo, preparando un filete con papas fritas en la cumbre de la montaña. Debiendo dinero y cubierto en chocolate caliente. Por la mañana bien temprano y soñando con las personas del odio negro. Haciendo gimnasia con el poste y escribiendo leyes lógicas. Dentro del disco de plata en el museo y con miedo de salir a la calle. Zapateando en el uniforme verde y agarrándose para no caer en el abismo. Guardado en la vasija de helado y tomando el avión para Francia. En los audífonos metálicos y en el ala del sombrero. En el medio del fuego de la parrilla y dentro del párpado. Se lanzando en el foso del ascensor y atornillando las tuercas. Masticando madera y verificando las facturas. En la arena del desierto y al lado del hilo dental. Saliendo por el chafariz y arrastrando las pelotas de hierro. Diciendo "Los cuchillos son de buena calidad" y "Seguramente soy hermafrodita”. Vistiendo ropa de ballet y golpeando mendigos. Siendo usado como aderezo y pintando las uñas color morado. Siendo usado para asesinar curas y como lubrificante íntimo. Siendo lanzado como una pelota de boliche en la cara de los presidentes de asociaciones de moradores. Corriendo desnudo por la calle mientras se masturba frenéticamente. Intentando despedazar la pared del baño, ya que se acabó el papel higiénico. Chupando cabo de electricidad y chutando almohadas suaves.

Amor de pata. Y de coz. Amor de mandarina podrida. Amor con cubos de vidrio derritiendo. Amor sabor catarro. El amor que encontré dentro del sándwich. El amor que habló por los teléfonos incendiarios. Amor que se puso silicona en la barriga.
 
El amor llegó diciendo que quería cambiar de vida, que le gustaría pedir un consejo. Dijo que estaba jodido por las cosas. Le dije que debería evitar las cosas. “Pero es difícil evitarlas, pues están en todos los lugares”, me dijo. “¿Qué cosas quieres evitar?” “Todas”, él contestó, “todas las que existan”. “¿Cuál es el problema de las cosas?” “El problema es que ellas existen”. “Pero eso es obvio”, le dije. “por supuesto, pero yo ya no existo”.

El muchacho estaba caminando y tropezó. Una lata oxidada le golpeó la boca y se le rompieron los dientes. Lo llevaron al hospital. Algunos días después, tenía la cara infectada, podrida, llena de pus. Le arrancaron todos los dientes, pero no funcionó. “Tenemos que arrancarle la cabeza para no comprometer el resto del cuerpo”. Pusieron la cabeza del muchacho en la guillotina y le preguntaron si tenía algo a decir antes de que le cortaran. Él dice: “Eso es AMOR”.

La mujer estaba en casa. Entraron 15 ladrones. Quebraron todo, recorrieron los cuartos. Preguntaron por las joyas. La mujer les dijo que no tenía nada. Amenazaron matarla caso no las entregara. Ella lloró y dijo que no les mentía. Los hombres agarraron caños de hierro para golpearla, mientras eso su marido llegaba. Del lado de fuera vio lo que se pasaba. El marido entró armado con mucho amor y atacó a los ladrones. Ellos despedazaron el marido y después violaron a la mujer antes de matarla. Con amor.

El niño fue hasta el retrete, nunca había utilizado ese dispositivo urofecal. Se sentó con mucha dificultad y vertió todo adentro. Después llamó a su madre. “¿Qué es eso, hijo?” “Es amor, madre”.

El amor llegó temprano al restaurante, al inicio de la tarde. Él comenzó a comer carne a la parrilla. Comió mucho, durante horas. “¿Señor, está bien? ¿No cree que ya ha comido demasiado?” “No, todavía tengo hambre”. Y siguió comiendo. Después de algunas horas más, empezó a chillar de dolor. En poco tiempo, su cuerpo empezó a rajar. Pero no dejó de comer. Pocos minutos después, cuando murió de tanto comer, alguien comentó: “El amor no es algo propiamente existente; es todo lo que no es”. 

Y las personas siguieron siendo ellas mismas. Y yo aquí, siendo lo que no soy.

RAFAEL SPERLING nació en 1985 en Rio de Janeiro. Es compositor y productor musical. Estudia de composición en la Universidad Federal de Rio de Janeiro.

Publicó su primer libro en 2011, intitulado Festa na usina nuclear [Fiesta en la central nuclear]. Sus cuentos fueran publicados en varios sitios, incluso Portal Cronópios y Musa Rara, además de la revista Minotauro y del periódico Rascunho.


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