Incendiaria


¿Cuántas veces mi historia ya no ha sido escrita? Cuantas veces el autor no ha rasgado las páginas por capricho, empezando nuevamente de cero ¿sin ni siquiera tener la oportunidad de ser recicladas? Nuevas posibilidades y nuevos desenlaces se quedan en el suelo de su sala, desalineados, para solo después encontraren su destino final, mesclados perfectamente a una multitud de basura y estiércol.

Incinerarlas sería más decente de su parte. Mientras ardieran, entre las llamas, fulgurarían en la claridad digna del festejo de San Juán. El calor alimentado por ellas darían vida a las personas congeladas a su entorno, la pira sacrificial inflamada como cada palabra perdida y desperdiciada allí. El humo se elevando al cielo como oblación al divino, la fuerza motriz de cada verbo —acción y reacción— provocando las más acrobáticas revoluciones en el filete ascendente de los residuos de aquella casi existencia. 

Saber perder no se le ocurría con la misma facilidad de antes. Había perdido demasiado hasta allí. No tenía más estómago para seguir perdiendo. Renunciaría de tantas cosas, cuantas fueron necesarias. ¿Tendría realmente que perder todo —tantas veces— y seguir en frente? Si era verdad que la sabiduría vendría, estaba ya retrasada. Había pasado demasiado tiempo, décadas de compaso de espera, y de hecho ella aprendera muy poco.

Sí, se sentía ignorante de todo, mismo de aquellas cosas que ella misma inventaba en las horas que se permitía el ejercicio de la creación. Tan presumida, haciendo lo que era reservado a los dioses: dentro de sí, del cerne del ser, iluminado y calentado por la dicha hoguera, emanaciones de átomos y moléculas surgían de un Universo original y nuevo. Totalmente nuevo. De aquellos que caben en una minúscula cúpula vítrea y desfilan, colgados del collar de un gato durante los 120 minutos de duración de la película. Y de cuya existencia y preservación pueden depender las vidas en la Tierra. Y aún así ella preferiría que él tuviera la decencia de incendiarla.

PATRÍCIA SICILIANO nació en Rio de Janeiro, en noviembre de 1972. Se interesó por el mundo literario aún muy joven. Después que aprendió a leer, no volvió a dejar los libros. A ella le encantaba escuchar las historias que su padre le contaba antes de dormir y deseaba poder inventar historias también.

Se graduó en Biología, trabaja como profesora, decidió ser madre y se casó por amor. Dice que respira, por lo tanto escribe y nunca conoció una vida sin la escritura. 

En 2009 creó un blog con la intención de reunir sus escritos y, en 2011, ganó el tercer lugar en la categoría Literatura del Premio Top Blogs brasileño. 


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