La alfombra

Las paredes de madera de la chabola, humedecidas por la reciente lluvia, dejaban entrar el frío y el viento cortante por sus rendijas. En la cocina, una olla de sopa humeante.

El niño, sentado en un cajón, tomó las últimas cucharadas del caldo en su plato. Miró a su madre, que dormía en el sofá ya hacía algún tiempo. Luego fue a acostarse entre los dos hermanos mayores, en el colchón grande tendido sobre el suelo del cómodo. Arrastró la manta de dormir vieja y agujereada sobre la cabeza y luego adormeció, a pesar del frío.

De repente, oyó golpes en la ventana. Retiró, con cuidado, el brazo del hermano mayor de encima de sus hombros. Se levantó sin hacer ruidos, fue a la ventana y dijo:

–¿Quién es?

Nadie le contestó. A pesar del miedo, decidió abrir. Subió en el cajón para alcanzar a la tranca y abrió las hojas de madera combada. Una ola de viento helado invadió el interior de la chabola. El niño cruzó los brazos sobre el pecho, tiritando de frío.

–¿Quién es?– repitió susurrando, temiendo despertar a la familia.

Llevó un gran susto al ver una pequeña alfombra flotando en el aire.

Trémulo y vacilante, subió en el alféizar de la ventana y estiró el pie hasta tocarla. La alfombra dio una fuerte arremetida que casi hizo caer al niño, pero él se agarró a las puntas de la alfombra y finalmente consiguió montarla.

Alzando vuelo, la alfombra cortó el aire glacial de la noche con velocidad. Desvió de un grupo de cumulus nimbus y atravesó la camada de ozono, hasta llegar al espacio infinito. Dio una vuelta entera en la Luna y cruzó los anillos de Saturno.

Pasaron por estrellas, cometas, nebulosas. Huyeron de agujeros negros y desbravaron galaxias. Visitaron a la Tierra del Nunca Jamás, el Eldorado, el Olimpo y hasta visitaron el menor planeta del mundo: el asteroide B612.

Por último, la alfombra se detuvo delante de un palacio. El niño dio un salto y atravesó el gran portón de entrada. Entró en el salón principal y subió la escalinata. Llegó al pasillo, abrió una de las puertas y se metió bajo las mantas suaves y calientes en la gran cama de cabecera con detalles en relieve. Se durmió.

A los primeros rayos de sol de la mañana, oyó golpes en las grandes ventanas del castillo. Era la alfombra.

MARTHA ANGELO nació en São Paulo en 1967. Se licenció en Lenguas y Literatura en la Universidade de São Paulo y trabaja con proyectos que promuevan hábitos de lectura entre niños y adolescentes. 

Su primera novela, O guardião da floresta [El Guardián del Bosque], fue publicada por la Editora Biblioteca 24 Horas. 

También escribe cuentos, crónicas, cuentos infantiles y poesía. Su material está disponible en dos blogs: O guardião da floresta y Mistura de letra (Mezcla de letras). Además, colabora con el sitio A suprema arte, en donde escribe crónicas y críticas de películas.


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