Sobre el soñar

Sé también como ser maestra, pavorosa, horrible, feliz. También sé que no se cosecha el fruto inmaduro, que la mañana se disipa en llantos mientras el sol alucina en su manto de nubes escasas. Sé que puedo perder, pero en la misma medida también puedo ganar, puedo traducir el grito de las montañas, esa risa débil del viento, esas hojas escarpadas a recorrer mi cuerpo. Puedo también agredir, aceptar, calmar. Mis manos están intactas, esperan inertes, taciturnas. La noche tranquiliza, el frío desaparece, los ríos se curvan y casi puedo ver la majestad de los pasos dados en la oscuridad, de los besos de despedidas en los aeropuertos amontonados, de los abrazos mal dados solamente para cumplir una regla de educación. Sé que perderse es tan necesario como encontrarse, sé que lo que me alcanza también te alcanza a ti en algún momento. El sueño no es un mal de lo cual seremos siempre acometidos. El sueño es nuestro pasaje para la imaginación, la construcción de la fuerza del carácter. Sueños no se miden, ni se comparan; son solo sustancias vivas que forman el alma, que hablan la misma voz del inconsciente, que creen en la mágica subsiguiente del milagro que puede surgir a cualquier instante. Sueño sin el miedo intitulado codeándome. Sueño, simplemente, con toda libertad que reposa en mis manos. 

LUDMILA BARBOSA nació en 1986. Es enfermera y pretende especializarse en oncología pediátrica.

Dice que se enamoró de la escrita al exacto momento en que leyó un poema de Manoel de Barros, que decía: “Afuera de la poesía no hay salvación”. Por creer tanto en esas palabras, nunca más dejó de escribir.

Participó de algunos concursos literarios, en los cuales ganó premios de mención de honor. Un día pretende transformar su blog Mente Divergente en un libro.


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