Trabajo de parto

¡Buenos Días, cielo! Creo que hoy el sol se hace descuidado. No se subió a las espaldas anchas del monte hasta ahora. Mira... Observando tu foto, la veo descolorida en el rincón... Cariño, mirándote con atención, veo que no ha pasado el tiempo. No ha pasado, porque te extraño y este espacio de tiempo que insiste en ponerse entre tú y yo no es tiempo, sino una ausencia. Una ausencia presente. ¿Entiendes? Ausencia, ausencia... ¿Has oído una palabrita más paradójica que esa?

Otro día me desperté con un raro sentimiento, cariño. Así era: el tiempo había pasado demasiado deprisa solo para asustarme. ¡Qué bien, cuando sentí el olor de tu loción de afeitar en el pasillo! ...Pude oír hasta el crict, crict de la cuchilla en tu piel fresca.

Tu ausencia lo ha invadido todo aquí. Esta casa hoy es un gran reflejo de un pasado que me sonríe todos los días; pero es tan frágil como una burbuja de jabón: cuando me acerco, al menos para inspirarla, me pongo poseída por la oscuridad y con la sensación de que he perdido contacto con la realidad. Como si estuviera fuera de control. ¿Será que esto es perder el juicio, cariño? 

Hice un té para ti, el té fuerte, de frutas y sin azúcar. Nunca te gustaron las cosas dulces... Tómalo antes de que enfríe.

Cariño, ¿adónde van las personas cuando se convierten en ausencia? Te lo pregunto porque tu presencia está llena de ausencia. ¿Quieres más galletas? Ayer hice las galletas de que te gusta. ¡Qué suerte que pasaras hoy por aquí!
 
Mira, estoy bien. Estoy a prepararme para desaparecer también. A veces tengo miedo. Otras veces tengo esperanzas de que todo estará bien. Y otras veces pienso que es como dormir y no más despertar. No tiene gracia, lo sé...

Cariño, ¿hay vida al otro lado de la ausencia? No me tomes a mal. Es que si estoy delirando, no quiero comprometer lo que resta de mi lucidez: necesito por lo menos saber lo que significa esta palabra vacía que rellena mi vida. ¿Cómo puedo morir en paz con ese tormento en el alma?

Sabes, puedo ver tu sonrisa pícara por detrás de esa mirada de papel. Tómate tu té antes de que enfríe. Los niños están bien, mi viejo. Tienen hijos lindos. A veces vienen a verme, otras me llaman.

¿Si me siento sola? No, cariño. Vivo bien con mi falta de juicio y nuestros recuerdos. Se ponen todo el día a jugar delante de mis ojos. Ya me basta eso. Lo que no me basta es el aire que se hace irrespirable cuando me lleno de ti.

Sí... También deseo que los niños sean felices... Hicimos un buen trabajo, creo yo. Pero ellos empiezan y yo termino. Sabes, quiero que todo eso se acabe... Por supuesto que les echaré de menos... Pero será más blanda... Es natural que ellos sigan y yo me deteriore...

Lágrimas en los ojos, ¿dónde? No, no cariño... La casa está llena de polvo. Desde el inicio de esta gestación, no tengo ganas de limpiar nada más. Solo lavo la loza, los residuos de la poca comida que me garantizan un poco más de supervivencia. Sabes que no me gustan las moscas.

¿Lloras? ¡Oh, no! Así mojarás todo el papel. Entonces no tendré a quien recurrir cuando quiera librarme de mí. ¿Me entiendes? ¿Me entiendes, cariño? No llores, por favor. Puede que la vida nos haya preparado algo grande al otro lado de esta ausencia.

¿Quieres más té? ¿No puedes quedarte un poco más? Me siento tan... ¡tan ausente! ¿Será un presagio? 

Cariño, creo que el sol hoy no saldrá. Creo que estaré bien. Pero no tardes. Mira, cariño, me voy a la mecedora y solo voy a levantarme cuando sienta mis ojos pesados sobre mi rostro. A veces, cuando duermo llorando, los párpados se pegan en la piel demacrada y pienso ya haber partido. Me voy a dormir un poco. Sabes, es una especie de entrenamiento para cuando me vayas en definitivo. ¿Ves? Mi humor todavía sigue de maravilla. 

Estaré bien, querido. Puedes ir; pero no tardes. Siento parte del alma a despegarme de la placenta de la vida. No sé cuánto tiempo tardará el trabajo de parto. Siento contracciones débiles y fuera de ritmo. 

Ve por ayuda y no tardes, cariño. Creo que no podré llegar a la silla. Mira, te quiero. Me quedaré tranquila, encorvada sobre la mesa. Así siento menos dolor. Vayas, cariño, encuentres a alguien que pueda dar la luz a mi alma. Cerraré mis ojos y rumiaré nuestras verdades con la dentadura de mi inseguridad, ja, ja. ¿Ves, cariño? Mi sonrisa está feliz. Llores a través de la fotografía. Creo que no la necesito más. 

SANDRA DATTI nació en su amada ciudad Santos, en São Paulo, en 1971. Se ha graduado en Educación Física y coordina los eventos deportivos del Ayuntamiento de Santos.

Además, se ha graduado en Idiomas y Literatura y tiene una leve obsesión con Clarice Lispector, acerca quien ha escrito una tesis de licenciatura. Sandra sigue escribiendo desde los trece años y tiene planos de publicar un libro sobre su ciudad un día.

Ha participado de varios concursos literarios y se quedó en segundo lugar en la categoría Cuentos del Segundo Concurso Internacional de Prosa y Verso organizado por la Sociedad Cultural Latina de Brasil en Mogi das Cruzes, São Paulo.

El cuento Trabalho de parto [Trabajo de parto] fue destacado en 2011 y 2012 en las listas municipal y regional del proyecto Mapa Cultural de São Paulo.


Traducido por


Comments