Tumbado eternamente en cuna espléndida

Cristóvão se encontraba tumbado boca abajo en el sofá, sin poder usar los brazos. Estaban paralizados de calambre. Sin embargo, pasos se daba prisa a la puerta en el oscuro. La campana que lo había despertado sonó nuevamente para traerlo de vez a la realidad.

― ¡Alicia!― sonó el llamado de Cristóvão, preciso y ahogado. Nadie le contestó.
 
―Alicia― llamó nuevamente, más bajo.

―Sí, Cristóvão― vino la respuesta.

Alicia se acercó con unos bolsos de papel con olor a comida. Hamburguesas, pensó Cristóvão, saliendo con dificultad de su posición. Estaba soñando con una cosa que…

¡Kate! Food’s here! Come grab it― gritó Alicia.

― ¿Pero la comida no es para mí?― preguntó Cristóvão.

― ¿No cenaste?

―Fui a la iglesia.

― ¿Llegaste y te acostaste en el sofá sin comer?

Era mucha agitación para alguien que apenas había despertado. Cristóvão no le contestó y cogió las gafas del suelo, poniéndolas con todo cuidado en el lugar. ¿Lo que estaba soñando ahora mismo? Aquella misma noche el pastor le había dicho que estuviera atento, pues los sueños pueden ser mensajes de Dios.

La gringa vino corriendo y acomodándose en el sofá con Alicia y las hamburguesas. Como si estuviera en su propia casa… 

Alicia se dio cuenta de la mirada de Cristóvão a Kate y le indicó la habitación.

―Y tú… vete a la cama. Tienes la cara marcada.

Cristóvão intentó protestar, pero Alicia lo llevaba por el brazo.

―Venga, te llevo a dormir.

De un vistazo, Cristóvão vio en el reloj digital que eran las 3:03. Bajó ojos todavía para mirar a Kate, que nítidamente no comprendió nada. No entendía porque a aquel brasileño no le gustaba salir ni la caía bien y porqué a ella le gustaba pronunciar su nombre.

Alicia lo puso en la cama, poniéndole el pijama y cubriéndole con el edredón antes de apagar la luz.

― ¡Buenas noches! ―le dijo ella, cerrando la puerta.

Hace calor, pensó Cristóvão, dejando al lado el edredón.

§§§

― ¿Dónde la conociste?
― En una fiesta rave.
― ¿Cómo se conoce alguien en una fiesta rave?
― Es el único lugar para conocer gente en Europa.
― Y trajiste la niña que conoció en una fiesta para mi…
― ¡Cristóvão! Y deja de eso. Ella tiene 19 años.
― Y tú todavía piensas que tienes 19 años.

Alicia tenía 22 años. Cristóvão tenía 26. Ella nunca terminara un año en la facultad. Cristóvão terminó sus estudios a los 21 años y luego aprobó un concurso público.

Alicia dedicó el año anterior a viajar por toda Europa. Volvió demacrada y desnutrida, pero con mil historias de “personas geniales” saliendo a borbotones de los labios rotos. Ahora una de estas personas se materializada en su piso, sin “dirección del remitente”, como se dice.

Kate llegó en Brasil por recursos propios ―finitos y estimados― y pretendía aprovechar al máximo. Las chicas se hicieron una rutina: fiestas de jueves a lunes, bares un día el otro no y la playa desde que lograran despertar. Paseos culturales se expresaban de alguna forma en medio a esa programación. Y la gringa tenía tiempo para aprender portugués con Alicia. Prácticamente no dormía.

Las clases de portugués de Kate se daban en asistir episodios doblados de Teletubbies y traducir letras de CSS. “¿Por qué no de Ivete?”― le preguntara Cristóvão, una vez, de paso. Alicia hizo un estallido con la lengua: “No entiendes mi método”. De hecho, en poco tiempo la chica ya cantaba el vocabulario hip nacional por la casa, además del básico ―colores, formas utensilios― con la pronuncia de una niña que empezara a hablar. El “Método Alicia” incluía además viejos videos de Xuxa. Kate se veía entusiasmada. Cristóvão la miraba horrorizado.

―Tú no estás educando a la niña. A mí me parece que ella retrocedió, eso sí.

― Ahora comprendes mi método.

― ¿Qué? ¿Lobotomía?

― Quien mejor aprende son justamente los niños.

Pasó por la cabeza de Cristóvão sacar Kate de aquel estupor, pero acabó rindiéndose a una especie de orgullo de la hermana ― ¿genio?― y salvo error, la última facultad que Alicia hubiera empezado había sido la de psicología. Déjalas, pensó. Es mejor no meterme.


Pero no logró contenerse. A la mesa, en inglés perfecto, Cristóvão difamaba las noches en Rio, con su aburrimiento, violencia e inconstancia. Con la ayuda de las noticias, especialmente las impresas, y unas afirmaciones estratégicamente sembradas, sugería a Kate que su piel pálida sería objeto atractivo de abusos y latrocinios. Hacía la interpretación simultánea del telediario de la ciudad. En principio, Kate se ponía muy molesta, pero ahora lo miraba impasible ―y lo evitaba lo cuanto podía.

Vamos t’omarr cah-fé na pad’rea― decía a Alicia con acento, ya levantándose.

§§§

Alicia se rindió al refrán. 

― No hace mucho sentido, pero es perfecto para bailar ¿verdad? ― admitió ella, después de intentar traducir para el inglés una de las canciones de funk brasileño preferidas de Kate. 

Ambas se rieron. La canción se llamaba “Camila macumbeira”.

― A los brasileños les gusta el ocultismo, ¿verdad?

― ¿Si nos gusta el ocultismo? Ja ja ―Alicia movió la cabeza, negando, pero divirtiéndose con la pregunta.

― Ocultismo africano, esas cosas, ¿verdad?― insistió Kate. ―Macumba, macumba, macumba. Y tienes lo de Paulo Coelho.

― Es difícil explicar. Bueno… Nos gusta todo.

En pocos minutos, Kate estaba familiarizada con el sincretismo religioso y hubiera sido invitada por una amiga de Alicia a asistir a un ritual de macumba. 

― Sólo no cuentes nada a mi hermano, por favor.

No worries ― dijo Kate, excitada.

Pasos pequeños se alejaron de la puerta. Cristóvão volvió a su habitación y se sentó en la cama. Por supuesto que jamás pondrán los pies en un ritual de macumba, pero no había necesidad de esconderlo de él. No le importaba nada el alma de la gringa. Ya su propia hermana, desconocerlo así…

¡Por Dios, hace mucho calor! Él encendió el aire acondicionado y entró a Redtube. Pronto se olvidó del mundo afuera

§§§

El sueño fue interrumpido por alguien preguntándole si él estaba dormido. Casi dos de la mañana. Cristóvão le escuchó. Era su hermana. Alguien vomitaba a lo lejos. 

― ¿Qué pasa?

― ¿Podemos dormir en tu habitación?

― ¿Tu aire acondicionado está roto otra vez?

Alicia lo miraba con un cigarrillo en los labios. No le contestó.

― De seguro no lo has encendido correctamente ―él dijo. ― Mañana tango reunión a las ocho y media, pero…

Él estaba listo para salir por la puerta y sacrificar unas horas de sueño.

― Bueno… No es eso, Cristóvão ―ella lo detuvo con las dos manos en su pecho. ― Es que Kate hoy no quiere dormir sola… Y yo tampoco.

Cristóvão frunció el ceño, diciéndole a su hermana que había una falla estructural en su afirmativa. No tuvo efecto. Él intentó sacarle más información.

― ¿Dónde fuisteis?

― Tú lo sabes.

Cristóvão se preparaba para la mala noticia y fingió sorpresa.

― ¿Sabías que yo las estaba escuchando?

― Hablaron con nosotras, directamente ―Alicia le interrumpió. ― Hablaron en inglés, Cristóvão. No era nada como Marina nos había dicho. No era para ser así.

Él dio dos pasos por el pasillo y habló en dirección al nada.

―Teníais que unirse a Dios en vez de meterse en eso.

Cristóvão inició una oración dándole las manos a las chicas. Pidió a Dios que perdonara sus pecados, iluminara sus caminos y les alejara de todo lo que es malo. Todavía no pudo relajarse en la colchoneta, mientras ellas dormían en su cama.

No sería mala idea que las dos siempre se durmieran aquí. ¡Dejan aquel aire encendido todo el día! Al menos así me ayudan a pagar las cuentas. ¿Será siempre así? Odio dormir en la colchoneta. Además de acostarse en mi cama, la parásita llama a mi hermana para dormirse con ella. ¿Será lesbiana?

El día siguiente, Alicia fumaba en la terraza cuando Kate entró en la sala. Cristóvão había salido temprano y la sirvienta tuvo órdenes de dejar el desayuno en la mesa hasta mediodía.

― “Alguien más antiguo que nosotras en esa tierra…”― dijo Alicia, etérea.

― No quiero saber de esa mierda ―dijo Kate.

― Perdóname. ¿Todavía tienes miedo?

― Aquello no me asustó.

― Entonces ¿qué?

Kate dio de hombros. Tal vez las dos estén harta una de la otra.

§§§

― Vino hablar con usted nuevamente porque… En realidad, está cada vez peor.

Cristóvão habló del involucramiento de su hermana y de la extranjera con la macumba. Después contó su sueño de aquella noche.

― Bailaban juntas, de forma animal, en el salón de nuestro piso. Entraban en la terraza y el viento golpeaba la puerta. El cielo estaba nublado y empezaba a quedarse negro y verdoso. Algo anormal iba a pasar. No lograban salir del lugar. Al mismo tiempo, la apariencia de las dos se mezclaba ―a veces una era la otra. Mi hermana se convertía en la pelirroja y la otra estaba rubia… De repente, por la terraza delante de ellas, se mostraba la Pedra da Gávea ― el cerro del pico plano, ¿sabes? Él vino caminando. Vino… Muy valerosamente, dando vueltas en los edificios… Hasta que se detuvo delante de ellas. Entonces hizo una referencia y ellas vieron que él usaba una corbata de lazo. 

El pastor apretó el hombro de Cristóvão.

― El Señor vuelve, Cristóvão. El sueño puede ser una señal. Debes orar más que nunca. Y haga una oración por su hermana también.

― No es eso. Es que yo… ¿Dónde es que estaba en el sueño?

― Este sueño es una visión enviada por Dios. Y Dios es omnipresente.

El pastor lo llevaba hasta la puerta cortésmente.

― Pero… Perdón. Yo también estoy cansado. Es que el sueño fue muy diferente. No estaba con miedo del mostro. Sentía como si… Era para ser leve y gracioso. Como una película, una comedia romántica. La corbata de lazo… el ramillete. Él tenía un ramillete en manos.

Cristóvão fue dejado en la avenida, cerca de un vendedor ambulante que vendía trompetas para el juego de domingo. No era un ramillete, reflejaba, pero una caja de bombones.

§§§

La previsión del tiempo indicaba un número improbable: más de 45 grados. Debe ser un error, pensó Kate. No, lo peor es que no sea, luego pensó.

Era sábado. El dinero se acababa. Estaba aburrida y borracha. La mitad de lo que decián de Brasil era mentira. Las personas eran promiscuas y guapas, pero no en el nivel que imaginaba. Parecían más interesados en juegos de poder que en el sexo ― o la música. Parecían querer encantarse y obsesionarse unas por las otras. Besar no parecía ser suficiente. ¿Estaba en la época equivocada? Quién puede saber. 

Tenía que marcharse en breve y, se no lograra nada además de algunas historias para asustar a los niños, tendría que inventar algunas aventuras para contarles a las amigas, que de seguro también se decepcionarían al venir. Bueno, tal vez eso es lo que pasa con las leyendas.

Kate fue hasta la cocina, pensando si debería haber aceptado la invitación de Alicia. Pero, mismo sin nada que hacer además de beber, la inauguración de un árbol de Navidad no le parecía una gran idea. Además, creía que las personas iban a un evento así con sus familias. Eso terminaba el asunto.

Al volver para la habitación, Kate oyó un susurro en el salón. Frunció el ceño, pasó por los muebles de memoria en la oscuridad, en dirección a la terraza. 

No podía ser un ladrón. No en el décimo piso. 

Nuevamente, un murmurio.

Él hablaba mientras dormía. Nada inteligible. Un susurro cualquiera.

Kate se inclinó en la espalda del sofá y le miró fijo.

Era un desperdicio. Sí, un desperdicio. 

Ella estiró un par de dedos que planeó sobre la camisa social blanca que él llevaba. La primera recorrió su contorno. La segunda, lo tocó muy levemente. 

Lo que ella venía intentando poner en razón, la verdad que se enfrentaba siempre que pasaba por ella, era que él tenía un olor imposiblemente bueno. Era el olor natural de su piel. Venía de un punto indefinido entre la yugular y el hombro. No era su imaginación. Era una relación tan solo física que parecía incontestable. 

Puso la cerveza en el suelo y tocó sus propios labios. Entonces con la extremidad humedecida de los dedos, tocó su boca, que era grande y suave.

Mientras recorría su rostro con los dedos, observó las pestañas largas juntas, guardando los ojos grises. Finalmente él dio un suspiro hondo y lánguido. Todavía seguía dormido. Kate sintió fiebre en el fondo de la garganta. Descadilló para el brazo derecho del sofá y dejó el pelo teñido de rojo caer sobre su barba. Él parecía sonreír. Acercó la boca a su boca. Puso los labios en sus labios sin hacer presión.

― Alicia ―él contestó.

Kate salió golpeando la puerta.

Bajo los párpados, los ojos de Cristóvão se le movían de un lado a otro.

§§§

Un hombre alto y delgado en el pico de la montaña, llevando ropa muy vieja, tenía una máquina de escribir y seguía mecanografiando como si nunca hubiera hecho otra cosa en la vida. Miró rápidamente para quien se acercaba por detrás de su hombro. 

― Mira ―indicó.

Cristóvão bajó la mirada hasta donde el hombre le indicaba, a la derecha. Al pie de la colina había un lago negro envuelto de montañas de formas dispares.

― ¿Qué?

No hablaban en ningún idioma conocido, pero en un idioma pre-babeliano en el cual se comprendían perfectamente.

― En el medio del lago.

Una minúscula silueta femenina caminaba por el agua adornada de algas putrefactas. Era como si arrastrara toda la suciedad del lago col el pelo, paso a paso, en dirección a una de las colinas alrededor. Aunque lejos, él podía verla.

De repente, Cristóvão se se estremeció. Había reconocido el lago: era Lagoa Rodrigo de Freitas. Él estaba en el Pico de las Catacumbas.

― La prepararon para él.― el hombre no mencionó culpa. ― Sólo eso.

― ¿Él? ¿Él quién? ―balbució Cristóvão, cayendo al suelo.

― Eso que tenéis ahí abajo. ¿No sabes?

Kate se detuvo mientras todo se quedaba inmóvil con ella ―hasta mismo la brisa que jugaba cenizas contra los ojo de Cristóvão. 

― Kate. Sale de ahí, Kate ―dijo Cristóvão, mecánicamente.

En respuesta, la tierra estremeció en un esfuerzo de desprendimiento, estallando en las bases, abriendo un río de magma. La onda de choque recorrió el lago. 

― Todo enlace matrimonial necesita dos testigos ―el hombre observó, cayéndose del taburete.

― ¡No!

Los baques se sucedían y la percusión resonaba por un Rio de Janeiro de pesadillas, como si fueran salvas de palmas cada vez más fuertes. Boca abajo en la tierra para no ver el espectáculo, Cristóvão procuraba ordenar los pensamientos. Era la Piedra que se aproximaba mareadamente. La Piedra se aproximaba, trayendo consigo un zumbido que no se ponía claro:

“...apavora. ...em ser tão ruim. Mas al... ...acontece no quando... ...ando eu mando a tristeza embora.”

Cristóvão repentinamente se puso de pie y, como si estuviera en trance, entonaba:

“O samba ainda vai nascer, o samba ainda não chegou.”

Lovecraft cantó afinado: 

“O samba não vai morrer, veja: o dia ainda não raiou.”

La Piedra floreció como una anémona. Disgustado, Cristóvão sonreía, cantando a plenos pulmones: 

“O samba é o pai do prazer, o samba é o filho da dor, o grande poder transformador.”

Pero ¿por qué canto eso? ¿Por qué miro para eso?

Kate, convencida con lisonjas, tendió el dedo anular para su novio. Él tomó su pulso y, en un instante, la había tomado por las cinco extremidades, convirtiéndole en una estrella. En lugar del vals nupcial, todo se quedó en silencio otra vez, excepto por el murmullo de las olas del lago.

§§§

Al despertar, Cristóvão pudo oír sirenas y gritos en la calle. 

Él no se dio cuenta. La última imagen del sueño lo tenía abrumado: ella suspensa, tendida a pata tendida, mirando por detrás del hombro con la expresión aburrida, prostrada, de quien todavía no le necesitaba más.

SIMONE CAMPOS es escritora, traductora y editora profesional. Tenía 17 años cuando hizo su estreno literario: la novela No shopping (2000, “En el shopping”). Ella ha colaborado con muchas antologías hasta publicar su segunda novela A feia noite (2006, “La fea noche”, que probablemente será lanzada en inglés como libro digital). A seguir vino su novela científica en linea: “Penados y rebeldes” (2007). 

Amostragem complexa (2009, “Muestreo complejo”), su primera recopilación de cuentos, se concluyó a través de una subvención de Petrobrás Cultural. En 2011, publicó el libro interactivo Owned – um novo jogador (“Owned – un nuevo jugador”), que fue inspirado en la cultura de los videojuegos y lanzado en los formatos digital y de bolsillo. 

Simone también encuentra inspiración en el fallecido escritor H. P. Lovecraft, quien descubrio en 2009 en una (1) referencia de Neil Gaiman en “Objetos frágiles” y (2) otra referencia en el anime japonés “La melancolía de Haruhi Suzumiya”. Lovercraft ha estado en su vida por lo menos desde “La fea noche”. 

Para más información, visite su sitio oficial.


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