Un extraño en la Universidad

Una extraña figura caminaba en la madrugada por el campus de la Universidad Estadual de Feira de Santana, la UEFS. Nombrada el “Hombre sin rostro” por los estudiantes, la figura repetía su trayecto habitual saliendo de su hogar en los fundos del Edificio 7, el  que está más lejano de la Biblioteca Central, dónde pasaba horas con los libros. No se sabía cómo él lograba entrar, ya que la biblioteca estaba siempre cerrada y oscura después de la hora de trabajo. 

La figura llevaba una especie de lamparilla para poder leer y escribir por la noche y así proyectaba una iluminación precaria por la biblioteca, manteniendo el ambiente bastante fóbico y que hacía sombras asustadoras sobre los libros en los estantes. 

El aire era pesado y sofocante. El ambiente parecía estar siempre ceñudo y revoltoso. Todo allí, en aquel momento, era casi como un umbral.

Algunas veces el extraño personaje también era visto andando por los pasillos sombríos de los edificios Seis y Siete, sin rumbo, desorientado, confuso, sin saber por cuál camino seguir. 

Muchos decían que, en la madrugada, la Universidad parecía tener una atmósfera sobrenatural, la cual se volvió el único refugio dónde él se relacionaba con el mundo físico por medio de los libros de la biblioteca. ¿Quien tendría el valor de averigüarlo y descubrir quién era aquel sujeto? Nadie, ni mismo el Rector, pues decían que ese hombre caminaba por la noche, hablando solo todo el tiempo y si alguna persona pudiera oírlo, sería capaz de volverse loca al sentir que había una terrible tristeza en sus palabras.

Una vez, dos guardias intentaron arrastrar a la fuerza para la residencia universitaria a una joven estudiante residente que, por algún motivo, no había obedecido a tiempo el toque de queda de la Universidad, que ocurría siempre a la media noche ―hora en que el extraño surgía de los confines del Edificio Siete. Ese caso tuve inicio cuando ella corría retrasada para el hogar al escuchar la sirena que resonaba estridentemente y fue en este instante que se acometió el corazón de la muchacha de una terrible sensación de dolor y pierda. Sus fuerzas se disiparon, lo que la hizo caer al suelo, porque en el camino oyera los lamentos del hombre que ya vagaba por los edificios nebulosos de la Universidad.

Los guardias corrieron para ayudarla e intentar arrastrarla de allí. Contradictoriamente, con el esfuerzo, ella se levantó e intentó escapar en una corrida desesperada, cuando todos pararon al percibir que el hombre de estatura mediana sujetaba la estudiante en sus brazos. Ella estaba abrazada a un hombre que nunca había visto en la vida. La sensación de desesperación era tan grande que ella no tenía noción de lo que estaba haciendo e imploraba a aquella extraña figura nocturna, que siquiera tenía un rostro, que la ayudara. Su voz salía flaca entre los espasmos de sollozo y sus manos agarraban con fuerza a las espaldas del ser sombrío, que bajara de los cielos como un ángel para protegerla. Lo que pasó, según la leyenda, fue que la pobre estudiante oyó sus lamentos y quedó seducida por su tristeza. Ahora, nadie podría hacer nada más por ella.

Los guardias no reaccionaron delante del famoso y leyendario extraño hombre solitario de la Universidad. Como se estuvieran en trance, se quedaron inmóviles desde el momento en que él había aparecido. Cuando percibieron, apenas sentían el impacto fuerte de sus cuerpos contra el suelo, mientras sus vidas se les eran succionadas sin que pudieran implorar por ellas.

“¿Qué pasó con la estudiante?” me preguntas. Pues que también empezó a vagar en la madrugada, agarradita de la mano con el extraño por el Campus de la Universidad, cantando una delicada canción con una voz infantil, que nos envolvía en su levedad. La triste canción absorbía toda la Universidad y todo paraba en su presencia. La letra de intensidad melancólica y de llanto resonaba tristemente: 

“Nunca nos acostamos mi amor y yo / Aún me acuesto apenas yo / Junto al lecho que llora conmigo / Con este para siempre me acuesto…”

¡Ah! ¡Ya es tarde y no puedo continuar aquí relatando esa historia! La sirena del toque de queda ya resonó y necesito pasar por los pasillos estrechos de los edificios de la Universidad y seguir adelante. Entonces, déjame ir… Ahora pienso conmigo mismo…

Ahora estoy andando por los pasillos, apresado y jadeante. Observo que los colores de las paredes parecen deslustrados y apagados, tal vez por la atmósfera húmeda de la noche aquí en la Universidad. Empiezo a escuchar voces suaves… Primero en mi cabeza y ahora en una sombra que me sigue. Entre ojos veo que algo se aproxima… ¡A veces tengo miedo de caerme en un pozo fondo! ¡Dios mío! 

Siento el toque helado de otra mano sobre la mía. ¡Alguien me tocó! ¿Quién será? No creo que sea el extraño, pues la mano es femenina. No creo que... Como un triste fantasma a acecharme, ella se comporta como el fiel perro siguiendo a su señor. Siento que la conozco, pero al mismo tiempo no tengo idea de quién sea ella.

No me hago gritar de miedo y correr desesperado, porque extrañamente sentí una paz mantenida por el equilibrio del terror que siento. Eso me parece contradictorio, pero el absurdo no se explica. ¿Qué es entonces el sentimiento humano? 

A veces cuando está todo en silencio oigo su voz a cantar en mi miente, una voz infantil, que mi envuelve en su levedad y me introduce en su imaginación poética y tranquila, como un reposo que debería haber en la sepultura. También me doy cuenta del vago horror en el corazón, por cuenta del sosiego sobrenatural de su canción. Así, continuamos aún a caminar, cautelosamente adelante. ¿Qué suerte, o tal vez qué cosa más terrible me espera? No lo sé… Cuando pienso en ello, hago una pausa. No me atrevo pasar de esa reflexión.
 
En un esfuerzo ardiente de comprehender mi verdadero estado, oigo un ruido desconcertante de voces humanas. Me llamó la atención y así miré a los ojos del demonio, de vivacidad salvaje y siniestra, que me contemplaban de lejos, de un local junto a la farola en la calle oscura que iluminaba levemente el ambiente y la llovizna. 

La luz de la calle iluminaba la neblina y dejaba a la Universidad con un aspecto amenazador. Junto a la lamparilla, donde antes no se podía ver casi nada, veo algunos guardias hablando despavoridos, señalándome con los dedos.
 
―¡Que cosa! ¡Es él otra vez!


Nota de aclaración: Este manuscrito fue encontrado accidentalmente en la biblioteca por una estudiante de la misma Universidad descrita en el texto, lo que decía transcribir trechos de un misterioso documento dedicado al leyendario “Hombre sin rostro” de la UEFS. El texto, escrito a mano, reproducía un relato probablemente verídico de un autor desconocido. Todo ese misterio, aunque completamente improbable, conquistó de inmediato la atención de los estudiantes y, así, las semillas del interese por el extraño, por el terror, por el enigma y por el oculto que se manifestara en esa institución de enseñanza por décadas, ya se habían lanzado y se germinaron con intensidad en los años siguientes. Hoy, ese manuscrito está en el “Museu Parque do Saber Dival da Silva Pitombo”, en pose de la UEFS, pero actualmente administrado por el gobierno del estado de Bahia. 


MARCELO VINÍCIUS nació en Feira de Santana, Estado de Bahia. Se graduó en Tecnología de Sistemas Informáticos, con énfasis en Internet, porque siempre le fascinó el tema de la inteligencia artificial. 

A pesar de su amor por la tecnología, él siguió en Ciencias y Filosofía, lo que complementó con un curso en Psicoanálisis. Hoy, está de vuelta a la facultad de post grado de la escuela de Enfermería de la Universidade Estadual de Feira de Santana  (UEFS), y piensa especializarse en Psiquiatría y Salud Colectiva para poder actuar como asistente social en el área de la salud.

Como escritor, publicó Desafios de uma Mente editora Multifoco, 2011, además de escribir varios artículos y poemas presentados en distintas colecciones. 

Él contribuye para el “Jornal Grande Bahia”, periódico regional muy respetado, así como para varios sitios. En su obra literaria es siempre neutro en retratar personajes del siglo XX que pasan por conflictos existenciales. Por lo tanto, sus principales temas incluyen soledad, paranoia, alucinaciones, ansiedad, aflicción y introspección.


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